Estudio 05) Flias. extrema pobreza que no han querido participar Puente o que han interrumpido su participación. Presentación. 1.¿Que se hizo?
“Nosotros lo consideramos muy invasivo de la privacidad, porque pasan mucho tiempo metidos en la casa revisándonos. Nosotros somos más de estar callados, sólo acá en la casa (…) esa persona venía todos los días y tenía que estar 30 ó 40 minutos en la casa.” (Hombre, no participante, Peñaflor)
“Eso es lo que yo no sé, lo que no me recuerdo, porque todavía yo no sé de que se trata esta cuestión (…) algo me dijo, pero no me dijo nada de si yo iba a recibir alguna ayuda o alguna cuestión, no me dijo ninguna cosa. (Hombre, no participante, Peñaflor)
“Yo encuentro que eso es para la gente que necesita más (…) es que él es demasiado buen corazón, él quiere que otras personas tengan su casita, como nosotros que gracias a Dios es nuestra (…) él piensa eso, que si se hubiera metido a eso, le hubiera quitado la oportunidad a otra persona” (Mujer, no participante, La Unión)
“Interrupciones no tengo, porque creo que la gracia del Programa es estar donde las papas queman. Porque si es [una familia] irresponsable, tenís’ que darle vuelta la irresponsabilidad. Se pueden haber equivocado mucho, son familias cacho, pero por qué no podrían tener otra oportunidad, o tener derecho a cambiar. Sería fácil y cómodo trabajar con las familias que cumplen y que son top. El desafío está en integrar a esas familias que no son así” (AF, mujer).
Tabla de Contenidos
Presentación. 41. ¿Qué Se Hizo? 92. ¿Qué Mirar? 10a) Tiempo de permanencia en el Programa.. 10b) Tipo de promotor 10c) Situación de ingreso de las familias. 11d) Puntaje CAS de las familias. 12e) Tamaño del hogar 14f) Características del beneficiario.. 15g) Autopercepción de su situación de pobreza y principales problemas. 16h) El sector o barrio en que viven y los vecinos. 24i) Demandas al Programa de las familias interrumpidas y las familias participantes. 27j) Avances de las familias interrumpidas mientras están en el Programa.. 29
3. ¿Cómo se Hizo? 324. ¿A Que Resultados Llegamos? 354.1 Visión de las familias participantes e interrumpidas del Programa Puente. 35a) Razones que las familias expresan para no participar o interrumpir su participación en el Programa Puente 35b) Posibilidades de superar la pobreza y surgir ¿de qué depende?. 494.2 Visión de la unidad de intervención familiar respecto a las familias no participantes e interrumpidas en el programa puente del Sistema Chile Solidario. 58a) Problemáticas y fortalezas en la organización y gestión de las UIF. 58b) Visión de las Unidades Familiares sobre las razones de no participación e interrupción de las familias del Programa Puente.. 62c) Expectativas de las UIF en torno a la superación de la pobreza y al rol del Estado.. 71
5. ¿Que Aprendimos? 765.1 Síntesis de los principales resultados del estudio. 76a. Características de familias interrumpidas y no participantes. 76b) Razones entregadas por las familias para no participar o ser interrumpidas, y factores que inciden en ello 77c) Visión de las familias respecto a la superación de la pobreza, rol del Estado y responsabilidad personal 77d) Incidencia del funcionamiento de la UIF en casos no participa e interrumpidos. 78e) Visión de las UIF sobre casos no participantes e interrumpidos. 785.2 Reflexiones en torno los resultados 79a) “Interrumpir o no interrumpir, he ahí el dilema”. 80b) Asistencialismo y esfuerzo en las familias interrumpidas y no participantes del Puente.. 80c) Dinámica de la composición familiar y del ingreso.. 825.3 Recomendaciones 83a) Perfil de las familias. 83b) Dinámica familiar 84c) Recomendaciones para el funcionamiento de las UIF. 84d) Programas alternativos para familias críticas. 86
Presentación
La protección social: el icono de la política social de nueva generación
En la última década, Chile experimentó una mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población, principalmente en términos de ingresos, educación, salud y vivienda, entre los principales. El avance logrado durante los noventa se explica tanto en el desempeño de la economía, que durante el período casi duplicó su tamaño, como en el decidido fortalecimiento de la acción pública social a partir de 1990 y en su reorientación hacia políticas de inversión social, tanto universales como focalizadas, por sobre políticas de corte asistencial.
Sin embargo, persisten importantes diferencias al interior de la sociedad, que llevaron a renovar las políticas sociales, especialmente hacia los sectores de la población que viven bajo una situación de extrema pobreza. Distintos análisis efectuados en el período, mostraron la importancia de implementar acciones de apoyo a la integración social de familias y personas afectadas por la pobreza, pero no sólo desde la lógica de la generación de suplementos de ingreso como se ha venido haciendo desde la política social no contributiva. Era necesario, asegurar que las transferencias monetarias llegaran, en primer lugar, a los sectores más pobres. Y, además, generar dispositivos que intermediaran en la nueva relación de estos usuarios con las políticas sociales tradicionales. Pero también, desarrollar acciones afirmativas que permitieran fortalecer las capacidades de las propias personas para desenvolverse con eficacia en las redes institucionales de servicios y obtener los satisfactores que pueden aportar al mejoramiento de su bienestar.
Es entonces cuando se impone la lógica de la protección social como la nueva tendencia que ha puesto renovados énfasis a la gestión de las instituciones del Estado en la forma de diseñar, articular y proveer sus servicios a la ciudadanía. Esto, porque la experiencia ha demostrado que en la medida que las instituciones organizan su quehacer de manera sincrónica y coordinada, es posible entregar servicios pertinentes a los usuarios y, de igual forma, generar impactos significativos sobre sus condiciones de vida, al acercar las oportunidades que estas poblaciones requieren para revertir los factores que explican la persistencia de las vulnerabilidades a las que están expuestos. En este marco, donde los esfuerzos políticos y técnicos se han puesto en la modernización de las políticas sociales para poner en operación la protección social, Chile Solidario aparece como un hito fundacional: se trata del primer y gran esfuerzo de rearticulación de la inversión pública, dirigido en este caso a generar la disposición y asegurar el acceso de las familias y personas en situación de pobreza, a los recursos que los servicios sociales entregan.
La experiencia recorrida permitió levantar el Sistema de Protección Social Chile Solidario, que a través de un enfoque de derechos promueve la inclusión social efectiva de los más pobres. Por tal razón, Chile Solidario representa una nueva fase en el desarrollo de políticas sociales dentro del país. Se trata de un modelo de gestión basado en la operación institucional en red, para apoyar integralmente a familias y personas vulnerables. Este esfuerzo no ha estado exento de tensiones, por cuanto implica pasar de un enfoque sectorializado a una acción intersectorial. De igual forma, prioriza la cobertura universal de familias extremadamente pobres, por sobre la acción segmentada sobre grupos objetivos. El desafío ha sido pasar de una lógica de intervención coyuntural al acompañamiento de las personas en un proceso de integración social basado en favorecer el acceso a las redes de beneficios y oportunidades, tanto públicas como privadas, sobre cuyo uso y participación tienen derechos las y los chilenos.
Justamente porque la extrema pobreza es un problema multidimensional, es que la respuesta que entrega el Sistema de Protección debe ser integral. Por lo mismo, los beneficios y las acciones que articula, se relacionan al menos con los ingresos monetarios de las familias, el desarrollo de su capital humano y social, las capacidades de las familias para enfrentar riesgos y vulnerabilidades a los que están expuestos y, su acceso a prestaciones, bienes y servicios que mejoran la calidad de vida.
Por todo esto, Chile Solidario es un sistema de protección social, con una perspectiva integradora, que combina la asistencia y promoción, para abordar la extrema pobreza en que viven hoy alrededor de 225.000 familias en el país. Está inspirado en el principio de solidaridad e integralidad del esfuerzo de todos los niveles del Estado y la Sociedad Civil. Su Misión es incorporar a las familias en extrema pobreza a la Red de Protección Social del Estado, de modo que éstas puedan acceder a mejores condiciones de vida.
Para avanzar en el cumplimiento de dicho objetivo, se estructura en tres componentes que se desarrollan y operan para los usuarios en un horizonte de tiempo de de 5 años: i) Apoyo psicosocial personalizado y Bono de Protección, ii) Subsidios monetarios garantizados y iii) Acceso preferente a programas de promoción social.
Los ejes bajo los cuales se estructura el Sistema son los siguientes:
¤ Establece un régimen de garantías, claras, explícitas, y de estatus legal que las hacen exigibles, a fin de asegurar su provisión efectiva y oportuna.
¤ Realiza acciones destinadas a atender a las familias y sus integrantes, a través de una metodología de intervención personalizada, que es la que permite proveerles apoyo psicosocial;
¤ Busca reforzar las capacidades funcionales de la familia y las sus miembros, para que puedan desarrollar las tareas propias de su etapa de desarrollo. Para ello, sus acciones abordan de manera particular las necesidades de los miembros más vulnerables de la familia y/o que tienen necesidades especiales de asistencia.
¤ Promueve y acompaña procesos que dan cumplimiento a objetivos de promoción y desarrollo para superar la extrema pobreza, buscando que las familias logren un desenvolvimiento autónomo en las redes institucionales;
¤ Se sostiene bajo un trabajo articulado a través de la lógica de operación en red, a fin de aprovechar los efectos sinérgicos de una intervención integral;
¤ Se basa en la entrega de prestaciones sociales por oferta, pertinentes y focalizadas en las familias más pobres.
Por otra parte, no es menor el señalar que la cualidad básica de Chile Solidario es que constituye un modelo de gestión. Esto, porque se basa en la articulación y organización de los múltiples oferentes que forman parte de la red de protección social. Y, porque las innovaciones que ha debido implementar tienen tanto que ver con adecuaciones de los diseños institucionales y ofertas programáticas ya existentes, como con la generación de nuevas líneas de acción. En esa lógica, sus principios de operación son:
¤ Centrar su organización en la familia y en las personas.
¤ Reconocer el ámbito local como el espacio privilegiado de la implementación del Sistema, en tanto es el más cercano a los destinatarios.
¤ Establecer una gestión sistémica, cuyo objetivo es lograr una intervención sinérgica, complementaria y pertinente.
¤ Tender continuamente a la descentralización de la administración y operación del Sistema, proveyendo recursos, instrumentos y asistencia técnica para ello.
¤ Desarrollar procesos de fortalecimiento institucional, a fin de asegurar que los operadores de la protección social, cuenten con las competencias, conocimientos y tecnologías suficientes como para cumplir con las funciones que hacen posible concretar el propósito de la protección.
La gestión del conocimiento: un eje estratégico de la protección social
Si se asumen activamente los principios de operación recién expuestos, es lógico concluir que la implementación regional, provincial y comunal de este sistema y de cada uno de sus componentes, es materia de construcción continua y, por lo mismo, está sujeta a arreglos institucionales y ajustes operativos recurrentes. De allí que resulta fundamental recoger insumos de información y conocimiento que permitan dimensionar y evaluar el desarrollo de las iniciativas, para mejorar la calidad, pertinencia y oportunidad de los procesos en curso.
Por otra parte, la implementación del Sistema ha dejado en evidencia una serie de temas y problemáticas que es preciso abordar, de forma adecuada y coherente, por lo que urge contar con información rigurosa que permita pensar posibles cursos de acción. En este sentido, un objetivo no menor del proceso, es aprender de la práctica, generando dispositivos de observación y registros e intencionando prácticas dialogantes, analíticas y comprensivas que permitan contar con suficientes elementos de juicio sobre las decisiones y procesos en curso. Así, la sistematización de aprendizajes, modelos de acción y de estrategias de intervención, aparecen como posibilidades concretas de enriquecer el mapa de oportunidades y buenas prácticas de las que se alimenta el sistema, con el fin de replicar, proyectar, o sostener aquellas acciones que permiten cumplir con el propósito institucional y lograr los resultados esperados.
La experiencia ha demostrado, y con amplia evidencia, que el buen funcionamiento de un sistema integrado de protección social, depende en buena medida del fortalecimiento de capacidades y del desarrollo de competencias en todos los actores que intervienen en la implementación del Sistema. Estas competencias pueden ser de diverso carácter (cognitivas, procedimentales – operativas, etc), no obstante su factor constitutivo común es que deben permitir actuar con pertinencia, con sentido y con oportunidad. Por ello, es esencial que los actores manejen conocimiento efectivo de los territorios, sobre todas aquellas materias involucradas en el diseño, ejecución y consolidación de estructuras, modelos y procesos.
Finalmente, recoger la valoración de los usuarios, los sentidos, opiniones, descripción de su situación, críticas y propuestas, es central para un Sistema que se orienta a resultados pertinentes, que apunten a satisfacer las necesidades de las personas. Todos estos requerimientos hacen que la gestión de conocimiento en Chile Solidario sea un pilar fundamental que retroalimenta el sistema y a sus actores.
De qué se trata esta Serie
Por las razones ya expuestas, se ha desarrollado esta Serie de Estudios del Sistema de Protección Social Chile Solidario que se propone difundir las exploraciones y aprendizajes realizados por el Sistema, para su uso por parte de todos los actores que intervienen en el Sistema.
Para facilitar su manejo, se han estructurado en 4 secciones que facilitan al lector la comprensión del mismo. Estas son:
ü ¿Qué se hizo?, que busca describir brevemente el sentido del estudio y su justificación.
ü ¿Cómo se hizo?, que describe muy sucintamente la base metodológica y técnica bajo la cual se desarrollo el estudio y aporta al lector, elementos para considerar la validez de los resultados.
ü ¿Desde donde miramos o Qué miramos?, en algunos casos, cuándo se trato de evaluar o sistematizar la intervención, esta sección aborda descriptivamente dicha intervención (es el caso por ejemplo de Proyecta Joven). En otros, se trata de incluir de forma sintética, los fundamentos teóricos y conceptuales bajo el cuál los investigadores se aproximaron al sujeto de estudio. Constituye un aporte a la conceptualización del Programa Puente y es materia de conversación en la Asistencia Técnica que éste genera con sus aliados, principalmente las Unidades de Intervención Familiar.
ü ¿A qué resultados llegamos?, sección que expresa los resultados de cada estudio. Ofrece el análisis de los datos, categorías de análisis y resultados, todos insumos que amplían la mirada respecto la implementación programática.
ü ¿Qué aprendimos?, finalmente esta sección busca resumir las lecciones, aprendizajes y recomendaciones que realizan los investigadores al Programa. Intenta ser una orientación para la acción, ya sea porque entrega sentidos, refuerza ciertas líneas y ámbitos de intervención, o porque entrega un abanico de alternativas a seguir.
A la fecha, la serie se compone de los siguientes seis estudios:
Efectos de la intervención psicosocial en mujeres que participan directamente en el Sistema Chile Solidario
Evaluación de cinco programas de la oferta pública social, participantes en el Sistema Chile Solidario
Sistematización de Experiencias de Participación Ciudadana en el Sistema de Protección Social Chile Solidario
Necesidades y aspiraciones de las familias que han finalizado la etapa de apoyo psicosocial del SCHS
Familias de extrema pobreza que no han aceptado integrarse o han interrumpido su participación en el Programa
Pertinencia de los programas de asistencia y promoción para personas con discapacidad que participan en el SPSCHS
El camino del conocimiento y el aprendizaje es un desafío que convoca las capacidades e intereses de todos los involucrados. Apropiarse de los saberes generados por investigaciones, estudios y evaluaciones es una manifestación del compromiso asumido por la Secretaría Ejecutiva de Chile Solidario, en torno al mejoramiento continuo de los procesos y acciones que impulsa y sostiene. La invitación es a recorrer estos insumos, para generar una conversación amplia y permanente que nos ayude a cumplir mejor los propósitos éticos, políticos y técnicos que convocan los esfuerzos actualmente en desarrollo.
1. ¿Qué Se Hizo?
Este documento corresponde al estudio “Familias en Situación de Extrema Pobreza que no han aceptado integrarse o han interrumpido su participación en el Programa Puente del Sistema Chile Solidario”[1], que buscó “conocer y analizar las causas y motivaciones de las familias en extrema pobreza que, calificando para integrarse al Sistema Chile Solidario, no aceptaron la invitación o interrumpieron el proceso de acompañamiento psicosocial -componente de acceso al Sistema-, con el fin de reorientar la estrategia de intervención y minimizar al máximo el número de familias que queden fuera del Sistema”.
Los objetivos específicos que orientaron el estudio fueron:
Definir un perfil de las familias que refleje tanto los aspectos socioeconómicos como de dinámica familiar, diferenciando los grupos de familias “no aceptan” e “interrumpidas”.
Identificar en las familias los factores que inciden en la no adscripción o abandono prematuro del programa Puente y agrupar las causas que se identifican como relevantes en el estudio, diferenciando los grupos de familias “no aceptan” e “interrumpidas”.
Visualizar expectativas de las familias para salir de la extrema pobreza y el rol que le asignan al Estado (o al municipio) en este proceso.
Formular propuestas y recomendaciones que permitan reorientar la estrategia de intervención hacia las personas en extrema pobreza que, calificando para integrarse al sistema Chile Solidario, no participan de sus beneficios.
En estos términos, los productos que se esperaban correspondían, en lo fundamental, a un perfil de las familias que declinaron participar en el Sistema o bien vieron interrumpida su participación en éste, un análisis de las causas que conducen a las familias a estas situaciones, de sus expectativas frente a la superación de la pobreza extrema y de la medida en que visualizan al Estado como co-responsable en este proceso.
En base a lo anterior, derivan propuestas y recomendaciones que permiten incorporar los resultados a la estrategia de intervención del Sistema Chile Solidario, contribuyendo con pertinencia al desafío de integrar a las familias de extrema pobreza a un Sistema de Protección Social.
[1] Realizado por Asesorías para el Desarrollo por encargo de Chile Solidario- MIDEPLAN. Estuvo a encabezado por Dagmar Raczynski, Consuelo Valderrama, Juan Fernandez, Daniel Salinas Y Carmen Gloria Acevedo. Se termino en septiembre de 2005.
E05) 5.¿Que aprendimos?
5. ¿Que Aprendimos?
A continuación se presentan las principales dimensiones que derivan del análisis de los consultores, elaboradas a partir de la información recolectada y descrita en secciones anteriores. Adicionalmente formulan y proponen al Sistema Chile Solidario, algunas reflexiones y recomendaciones.
5.1 Síntesis de los principales resultados del estudio
a. Características de familias interrumpidas y no participantes
El análisis de las características de las familias señala que el problema central que tienen tanto aquellas que son no participantes como interrumpidas (entre ellas no hay diferencias significativas en las variables analizadas) dice relación a la ausencia o inestabilidad del trabajo y de los ingresos del hogar. Se trata de personas de baja escolaridad y baja calificación para el trabajo. La precaria situación de trabajo e ingreso se complica cuando además enfrentan problemas de habitabilidad y/o de enfermedad, problemas que en estas familias en alta frecuencia van juntos. A ello se suma en un número relevante de familias situaciones problemáticas de dinámica familiar (existencia de conflictos, falta de comunicación, alcoholismo, violencia intrafamiliar). No obstante, no es que siempre y necesariamente la acumulación de problemas lleve a dinámicas conflictivas. Hay un grupo de familias que destaca que su unión y apoyo recíproco son factor clave para enfrentar de mejor modo las difíciles condiciones de vida en que se encuentran.
Como ya indicamos, la información a la que se tuvo acceso sobre las familias Puente participantes, sugiere que no habría diferencias mayores entre éstas y las no participantes e interrumpidas, salvo que en estas últimas hay un porcentaje mayor de familias unipersonales, las que no participan o su participación es interrumpida porque no corresponde al perfil de familia Puente. Hay algunas diferencias entre las familias interrumpidas y las familias participantes en cuanto a la demanda que tienen al Programa Puente al inicio. Las primeras plantean una mayor demanda inicial al programa que las segundas, en indicadores de “dinámica familiar”, “organización del presupuesto” e “información y autocuidado de salud”.
Por último, se observó que las familias interrumpidas avanzan en el cumplimiento de los mínimos de calidad de vida, pero este avance sólo excepcionalmente ocurre antes de los 4 meses de permanencia en el programa, y la mayoría de estas familias no logra permanecer más que 3 meses.
b) Razones entregadas por las familias para no participar o ser interrumpidas, y factores que inciden en ello
Tras el registro de no participación o de interrupción es posible encontrar una amplia gama de situaciones. En el primer caso, se puede reconocer los casos de familias que fueron consultadas y otras que nunca lo fueron. De aquellas que fueron consultadas, la mayor parte decidió voluntariamente no participar del Programa, por razones como desconfianza, falta de interés, considerar que el Programa no sirve, no entender de qué se trata éste, u otras. Por su parte, en los casos de las familias que no fueron consultadas, el registro de no participación puede deberse al no cumplimiento de perfil (familias de adultos mayores solos o en pareja, o buenas condiciones de habitabilidad), o bien a que la familia no estaba en casa cuando la visitaron.
En el caso de las familias registradas como interrumpidas, es posible reconocer un grupo de familias que voluntariamente renunció al programa, y otro cuya participación fue interrumpida por parte de la UIF. En el primer grupo, se observan razones tales como la molestia con el AF, la desilusión del programa, la falta de tiempo para dedicarse a éste o la consideración de que no lo necesitarían. En el segundo, las razones fundamentales apuntan tanto a aquellas que se sitúan “en la familia” (incumplimiento de compromisos, inubicabilidad, cambios en la dinámica familiar), como a otras que son “del Programa” (AF sale con prenatal y nadie retoma, o AF no acomoda horario de visitas) o “compartidas” (familia no cumple perfil o tiene problemas que exceden al Programa). Cabe señalar que además encontramos casos de familias que no habían sido informadas de su interrupción, e incluso algunas que no sabían que alguna vez habían sido registradas como participantes del Programa Puente.
c) Visión de las familias respecto a la superación de la pobreza, rol del Estado y responsabilidad personal
Como primer resultado, cabe decir que la visión y opinión de las familias en este tema no presenta diferencias sustantivas entre las familias no participantes y las familias interrumpidas. En el conjunto de los casos es posible identificar tres núcleos discursivos que expresan tres posturas distintas, tanto respecto de las responsabilidades que le caben a cada actor social en la superación de la situación de la pobreza, como respecto de las expectativas y horizonte de futuro.
Respecto a la identificación de responsables y al rol asumido frente a la superación de la situación de pobreza, las posturas identificadas son: a) aquellos que se asumen a sí mismos como los principales responsables y ven al esfuerzo personal como el principal motor para surgir; b) aquellos que ven una responsabilidad compartida entre sí mismos y el Estado, argumentando que el esfuerzo personal debe coincidir con la generación de oportunidades por parte del aparato estatal (esta es la postura mayoritaria); y c) aquellos que sitúan la responsabilidad prioritariamente fuera de sí mismos.
En cuanto a las expectativas y al horizonte de futuro elaborado por las familias entrevistadas, también es posible identificar tres núcleos de opinión, relacionados con la percepción de responsabilidades comentada anteriormente. Los casos que se evidencian son: a) aquellos que tienen una postura activa y esperanzada, con aspiraciones y visión de futuro; b) aquellos que presentan una postura pasiva de tipo conformista, pero sin desesperanza; y c) aquellos que tienen una postura pasiva y desesperanzada.
d) Incidencia del funcionamiento de la UIF en casos no participa e interrumpidos
El discurso de las UIF da cuenta de una serie de factores a través de los que la organización y gestión de las UIF incide sobre los casos no participa e interrumpidos. Por una parte, existe una mayor probabilidad de éxito en la invitación inicial si los AF dedican el tiempo suficiente para explicar en profundidad a las familias de qué se trata el programa y en qué sentido puede serles de utilidad. La presión por incorporar nuevas familias hace que muchas veces lo AF prescindan de hacerlo, ya que las invitaciones adquieren un carácter “mecánico”, seleccionando los casos más fáciles y perdiendo de vista la necesaria adecuación a las características de la realidad de cada familia.
Por otra parte, la sobrecarga de familias en los AF hace que la calidad de la visita se vea deteriorada, se dedica menos tiempo a cada una de ellas y se producen períodos de abandono del AF a ciertas familias. Adicionalmente, la insatisfacción que existe en algunas comunas entre los AF por sus condiciones laborales redunda en una mayor rotación de estos, que salen en busca de mejores alternativas de trabajo, y por lo tanto en una mayor inestabilidad en la relación entre AF y familia, elementos que empobrecen el trabajo de intervención. Por ejemplo, el fenómeno de las familias Puente que cambian de domicilio sin avisar ni al AF ni a la UIF se explica en muchos casos porque la familia ha vivido períodos de abandono o porque el AF no le ha explicado bien los términos y posibilidades del programa.
e) Visión de las UIF sobre casos no participantes e interrumpidos
Para las UIF, los casos no participantes e interrumpidos no son una preocupación prioritaria, porque constituyen una proporción minoritaria en comparación al grueso de familias que participan activamente del programa.
Particularmente en relación a las familias no participantes, indican que su cantidad ha disminuido, porque con el correr del tiempo las propias familias participantes han ido dando a conocer el Programa. En la actualidad, por el contrario, serían más las familias que quieren participar pero no pueden, y que deben esperar a que se abran nuevos cupos. Los casos que aún persisten de no aceptación del programa, se relacionan, desde la perspectiva de las UIFs, con situaciones tales como desinterés, falta de iniciativa o de capacidad de emprendimiento; casos de familias que no necesitan el programa o no se autoperciben como necesitadas; que por distintas razones rechazan programas públicos; o que no desean ser visitadas en su propio hogar, entre otros casos de menor frecuencia.
Por su parte, los casos de familias interrumpidas han conservado una frecuencia relativamente estable a lo del tiempo, y se asocian fundamentalmente a situaciones en que se vuelve imposible para el AF continuar trabajando con la familia, ya sea por ausencia de un interlocutor válido (especialmente cambio de domicilio) o por la presencia de problemas psicosociales inmanejables para los AF, como por ejemplo consumo de drogas, alcoholismo o delincuencia. Otro importante grupo de razones de interrupción se relaciona con el desinterés de iniciativa o emprendimiento, ya sea por falta de deseos de surgir o por enfermedad, entre otros casos.
Desde el punto de vista de las UIFs, las razones que generan la no participación o la interrupción encuentran su origen del lado de las familias, y sólo marginalmente en el diseño del programa o en el trabajo de JUIF y AF, entre las que señalan la imposibilidad del Puente para dar un apoyo especializado a familias con daño psicosocial profundo.
E05) 5.2. Reflexiones en torno a los resultados
5.2 Reflexiones en torno los resultados
A continuación se presentan algunas reflexiones de los investigadores, que surgen de la constatación de los resultados del estudio, y que están relacionados directamente con los casos de no participación o de interrupción de la participación en el Programa.
Es conveniente comenzar diciendo que la magnitud de estos casos es muy pequeña, y que además ha disminuido en el tiempo, por lo que no constituye propiamente un problema para el Programa, aunque sí lo es para las familias que, estando en una situación de pobreza tal que amerita participar en el programa, no lo hacen. Además, es pertinente indicar que tanto los casos de no participación como de interrupción, se explican fundamentalmente por problemas de registro y de inubicabilidad de las familias.
En esta sección presentamos tres temas de reflexión: el primero se refiere al debate sobre la necesidad de interrumpir o no la participación en el programa de algunas familias; el segundo, a las visiones vida de las familias, marcadas por el asistencialismo o el esfuerzo; y el tercero, a la dinámica de la composición familiar y el ingreso, que redundan sobre las condiciones en base a las cuales el Programa focaliza. Los dos primeros temas apuntan, en el fondo, a las características de las familias Puente, pero mientras el primero constituye una reflexión en base a lo señalado por las UIFs, la segunda es la visión de los consultores sobre el tema.
a) “Interrumpir o no interrumpir, he ahí el dilema”
Como indicamos en la sección correspondiente, es posible identificar un debate implícito respecto a los casos en que se decide interrumpir la participación de las familias en el Programa Puente, dice relación con la población a la que está dirigida el programa. Se observa un debate entre dos posiciones: una que indica que se debe interrumpir o aceptar los rechazos, y otra que señala que se debe insistir en estos casos, pues éstos serían justamente el público privilegiado del Puente.
A nuestro juicio, lo que está detrás de este debate es la falta de conocimiento de la complejidad de la población focalizada por el Programa. En muchos casos, no son solamente familias pobres y marginadas, sino que, por esto mismo, muy probablemente son también población clientelizada y “asistencializada”. En estos términos, algunos supuestos respecto a la pobreza con los que parecen operar algunos AF, tales como “pobres pero emprendedores”, “pobres pero honrados”, entre otros, estarían errados. Esto no significa que toda la población a la que se dirige el Programa sea deshonesta y asistencialista, pero sí implica que parte importante de ésta corresponde al segmento más complejo de la pobreza, que requeriría un tipo de atención particular, más permisiva en algunos aspectos y menos en otros. Con esto no queremos decir –en absoluto- que haya que reducir aún más algunos de los mínimos. El énfasis que queremos poner sólo apunta a que es necesario adecuar la gestión del Programa y el modo en que la entienden los AF, a las características de la población beneficiaria.
El dilema de interrumpir o no interrumpir requiere de precisiones desde el nivel central del Programa, en otras palabras, definiciones programáticas que aclaren los supuestos sobre los que éste opera, y por tanto, las condiciones con las que se espera que cuenten las familias potencialmente beneficiarias para participar. Probablemente, estas definiciones dejarán fuera a un grupo de familias, que requiere de una atención de otra índole, más terapéutica, que los AF, dadas sus características, no pueden brindarles.
b) Asistencialismo y esfuerzo en las familias interrumpidas y no participantes del Puente
A partir de la caracterización de las familias, de su percepción respecto a los responsables de su situación, a la actitud que manifiestan frente a ella y a sus expectativas de superación, es posible identificar dos grandes grupos de familias en relación al tipo de acciones que debiera implementar el Estado. Uno es aquél que cree en el esfuerzo personal para salir adelante y demanda del Estado la generación de oportunidades de trabajo para poder aumentar y estabilizar su nivel de ingresos; el otro, dadas sus características, ve más difícil la superación por sus propios medios y adopta una posición más pasiva.
En el primer grupo, el esfuerzo personal y el trabajo propio son los principales recursos que identifican las familias para poder lograr un mejoramiento de su situación socioeconómica. Señalan que el acceso al trabajo es la única vía de superación, que va asociada además a una lógica de acción ligada al esfuerzo personal. Sin embargo, existe conciencia de que dicho esfuerzo no fructifica en un contexto adverso de falta de oportunidades, por ello es que la mayoría de los entrevistados afirma que el Estado debe generar una gama de oportunidades que permitan el buen desempeño de ese esfuerzo, es decir, la creación de fuentes de trabajo o bien el apoyo para el desarrollo de una actividad económica personal, en la línea del autoempleo y el microemprendimiento. La falta de oportunidades de trabajo limita las posibilidades de desarrollo de quienes viven en situación de extrema pobreza, relacionado con su bajo nivel de escolaridad y de empleabilidad, que constituyen fuertes barreras a la superación.
En estas familias existe la motivación para surgir a partir de sus propias capacidades y habilidades, en la esperanza de que éstas conecten con las oportunidades correspondientes. Aún cuando algunas familias presenten una orientación al esfuerzo, también consideran que el Estado debe mostrar más preocupación por quienes se encuentran en situaciones precarias.
El segundo grupo, que manifiesta actitudes pasivas, desesperanzadas o bien que sólo espera beneficios concretos en forma unidireccional desde el Estado. Pese a la pasividad, sin embargo, algunas conductas se enmarcan dentro de un campo estratégico de aprovechamiento de la oferta pública, beneficiándose de algunos programas como subsidios y pensiones, que no requieren mayor participación ni compromiso. En este grupo están también las familias con un alto grado de deterioro, afectadas por problemáticas como la violencia intrafamiliar, el consumo de drogas y alcohol, la discapacidad de alguno de sus miembros o la vinculación con conductas delictuales.
El Programa Puente combina asistencia y promoción, sin embargo, una parte importante de las familias que se encuentran en situación de “interrumpida” o “no participa”, tal como hemos visto, no logran comprender cabalmente las características del Programa. Esta incomprensión se combina con los tipos de posturas que tienen las distintas familias ante su situación de pobreza. El núcleo del Puente, consistente en el apoyo psicosocial y el establecimiento de compromisos por parte de la familia, puede resultar un gran incentivo para la participación de las familias, además de la entrega del bono (la mayoría sostiene que sí le gustaría participar actualmente en el Programa), sin embargo, existe también una franja de familias para las cuales la exigencia de compromisos se observa como un obstáculo, sea porque las propias familias se sienten incapaces de asumirlos, sea porque se mueven en un eje de pasividad que dificulta la asunción de tareas y responsabilidades.
Familias con un alto nivel de deterioro, que presentan problemas de salud, algún tipo de discapacidad, alcoholismo o drogodependencia, requieren intervenciones específicas que escapan al apoyo psicosocial del apoyo familiar. En este caso, se debiera complementar el ingreso directo a Chile Solidario y su red social con otros programas específicos que permitan a las familias superar su situación. Es decir, la línea asistencial debe ser complementada con intervenciones que contribuyan a que las familias logren tener un rol más activo, pero atendiendo a necesidades específicas que no parecen poder ser cubiertas adecuadamente por el Puente.
Por su parte, aquellas familias que sí tienen una orientación al esfuerzo, deben ser conectadas con oportunidades que permitan el despliegue de su iniciativa. Básicamente se levanta el tema del empleo como aspecto clave. Ya sea en la ubicación de puestos laborales o bien en la asesoría y apoyo para emprendimientos que permitan el autoempleo, el Estado debe tomar un rol activo.
En cualquier caso, es fundamental que en el caso de estas familias, que viven en situación de extrema pobreza, la promoción y la asistencia vayan de la mano. Algunas requerirán más de una que de otra, pero no se debe correr el riesgo de confundirlas o desdibujarlas, sino que por el contrario, entenderlas como complementarias y fundamentales para el mejoramiento de la situación de las familias.
c) Dinámica de la composición familiar y del ingreso
Como se pudo apreciar en el trabajo de terreno cualitativo, no pocas de las familias afectadas por las situaciones de no participación e interrupción comparten un rasgo importante: una fuerte dinámica en su situación de ingreso y en la composición familiar.
En la primera dimensión se detectaron importantes fluctuaciones en los ingresos del hogar, situaciones de ingreso que las coloca en la indigencia alternadas con períodos en que, a su nivel, les ha sido posible acumular recursos y cierto bienestar material (una casa, aparatos electrodomésticos, un auto o camioneta que es herramienta de trabajo, y similares). En estos casos, la familia que según ficha CAS, es potencial beneficiaria deja de serlo ya que dispone de bienes que las excluirían. No obstante, de que no cuenta con un adulto con trabajo relativamente estable o enfrenta gastos importantes de salud por la enfermedad o accidente de algún miembro de la familia. La familia, en opinión del AF y respaldado por el juicio de la jefa de UIF se califica como no cumpliendo el perfil y es excluida, pese que no cumple mucho de los mínimos de calidad de vida que el programa se propone que logren todas las familias chilenas.
En la segunda dimensión, composición familiar, alude a entradas y salidas frecuentes de integrantes del hogar, en general familiares, a veces allegados, a veces el jefe de hogar o su cónyuge por períodos que se pueden extender a seis u ocho meses fuera del hogar, en busca de empleo o para dar apoyo y visitar un familiar. A ello se suma los integrantes que dejan el hogar de modo permanente. A veces la persona que deja el hogar, sea por un período o para siempre, es representante frente al Chile Solidario. Mientras el resto de los integrantes del hogar permanecen en el, la o el representante lo deja, y la familia cae en la categoría interrumpida, pese a que no ha cambiado su situación social: el ingreso es bajo, los mínimos de condiciones de vida no cumplidos continúan y las necesidades de apoyo permanecen.
Si bien el Programa prevé estas situaciones de cambio de representante, y dispone mecanismos para sustituirlo, las narraciones de los entrevistados sugieren que ello, con cierta frecuencia, no ocurre, lo que también puede asociarse a la incomprensión de las características del Programa, explicada en páginas anteriores.
5.3 Recomendaciones
a) Perfil de las familias
El Sistema Chile Solidario define un perfil de familia (hogar) de más de dos o más personas y con puntaje CAS inferior a 550 puntos al momento de ingresar. En la primera o las primeras visitas del AF este hace una verificación de su situación. Esta no incluye una actualización de la ficha CAS ni hay instrucciones precisas sobre que variables e indicadores mirar prioritariamente al momento de decidir si la familia cumple o no cumple con el perfil requerido. La decisión más bien depende de la AF y las directrices que ha elaborado la UIF de la cual es parte. En la mayoría de los casos se trata de una apreciación subjetiva de que el hogar se encuentra en una situación que no corresponde al perfil porque posee bienes que revelan un nivel socioeconómico más alto que el esperado. En estos términos, la recomendación es generar indicaciones precisas para todos los AF, que les permitan contar con criterio objetivos para evaluar el cumplimiento o incumplimiento del perfil requerido para participar en el Programa.
De otro lado, habría cerca de un 18 % de hogares unipersonales que corresponden en general a personas solas de la tercera edad y que no entrarían al programa Puente, puerta de entrada al Sistema Chile Solidario, lo que los deja sin acceso preferencial a la red de beneficios asociada al Sistema. ¿Qué hacer con este 18 % de adultos solos en situación económica y social deficitaria? Un programa de apoyo psicosocial individual, como lo es el programa Puente, no es posiblemente una medida pertinente ni eficaz, como si lo sería la integración de estos adultos en la medida en que sean autovalentes en clubes y redes locales, en servicios comunitarios, y similares, además de darles acceso a la salud y pensión asistencial. De esta forma debiera pensarse en la integración de esta población en programas para el adulto mayor, que ya existen en varias comunas, pero que no llegan a los adultos mayores en situación más precaria. También las parejas de adultos mayores solos debieran incorporarse a esta modalidad. Un modalidad de atención particular para los adultos mayores pobres es fundamental porque es un segmento que va creciendo en tamaño (en 1992 eran un 11 % y en 2002 son un 18 % en el 20 % de menor bienestar socioeconómico, según la información INE citada anteriormente).
A nuestro juicio, el grueso de las familias del Programa Puente y Sistema Chile Solidario debiera corresponder a familias con niños pequeños o adolescentes, con índices de pobreza en ingreso y necesidades básicas no satisfechas, mayores que el resto de las familias. Invertir en estas familias es urgente. Acciones de corto plazo con ellas mejorarían sus posibilidades de desarrollo y disminuirían los riesgos que enfrentan sus niños y jóvenes, el capital humano futuro del país, contribuyendo a resquebrajar los círculos de la pobreza.
b) Dinámica familiar
Como se señaló antes, parte de las familias interrumpidas corresponde a hogares en los cuales la o el representante ante el Sistema Chile Solidario migra temporal o permanentemente a otro lugar, permaneciendo el resto de los integrantes del hogar en la comuna original en que se les invitó a participar. Sólo en unos pocos casos se pudo ver que el AF sustituye el representante. En la mayoría de los casos la familia es interrumpida.
El programa Puente debiera insistir y posiblemente definir reglas claras para los casos en que el representante emigra solo y deja a su familia atrás, en particular cuando las personas que permanecen en el lugar son niños y jóvenes que como consecuencia de la emigración del adulto responsable de ellos quedan más faltos de apoyo familiar. Asimismo, se debe informar al representante, como mencionamos antes, que es conveniente y deseado que informe al AF de su traslado, lo que permitirá no dejar desatendida a su familia. Es en este sentido que se propone que la unidad de identificación sea efectivamente la familia y no el representante específico designado coyunturalmente. Debe haber posibilidad y reglas para sustituir esta persona. Ello al mismo tiempo significaría dar el peso esperado a la familia y no al representante de ella como unidad de intervención.
Una situación distinta corresponde a los casos, también relativamente frecuentes, de familias que como núcleo cambian de comuna de residencia. En estos casos son importante las siguientes medidas para dar continuidad a su incorporación al Sistema y al plan de apoyo psicosocial: a) informar con claridad a las familias sobre la posibilidad y expectativas del Puente de darle continuidad al trabajo ya realizado con ella en caso de mudarse a otro lugar, y por tanto es conveniente y aceptado que informen al respecto al AF; b) hacer un contacto con la UIF de la nueva comuna de residencia para concretizar el cambio de domicilio; y c) asegurar un porcentaje de cupos en las comunas para recibir estos casos de traslado. Concretizar estas medidas no es fácil dada la alta carga de trabajo que tienen la UIF y los AF en la gran mayoría de las comunas, pero sin duda es necesario esfuerzos para no dejar fuera a población que efectivamente necesita del Programa.
c) Recomendaciones para el funcionamiento de las UIF
Para los términos de este estudio, lo que nos interesa destacar es que la organización y gestión de las UIF tienen una incidencia específica sobre los casos no participa e interrumpidos. Una primera cuestión es la sobrecarga de trabajo de los AF, que tienen a su cargo un número de familias tan alto que muchas veces impide desarrollar un trabajo de intervención de acuerdo a lo que estipula el programa, básicamente por un problema de tiempo. De este modo se generan problemas tales como irregularidad en las visitas, períodos de abandono, invitaciones a la pasada, entre otros. Se debe aminorar la sobrecarga de familias que afecta a los AF, ya sea invirtiendo recursos en la contratación de más AF, o bien mediante la extensión de la jornada laboral a los ya disponibles.
Asimismo, es precisa la entrega de más recursos a los AF para la realización de su trabajo. Esto se refiere especialmente a dos ámbitos en que existen falencias: i) movilización: sólo algunas UIF cuentan con vehículos para hacer el trabajo en terreno, a veces sólo para algunos días, por lo que los AF deben financiar la movilización con sus propios sueldos. ii) acceso a internet: si los AF no tienen un acceso expedito a internet, no se realiza el ingreso y actualización permanente de la información en el sistema. En muchas comunas no hay computadores o son insuficientes, de modo que los AF deben buscar por su cuenta alternativas de acceso a la red.
Una tercera cuestión importante es la estabilización y consolidación de los equipos de AF. La alta rotación los AF aparece como un factor que deteriora la calidad de la intervención, en la medida en que la construcción de confianza y “mística” entre AF y familia es un proceso complejo y de primera importancia. La consolidación del equipo de AF estable, con formación profesional en el área social, y que con el tiempo va adquiriendo experiencia y seguridad en las características de la intervención esperada por el programa, es un factor importante en el mejor funcionamiento del trabajo UIF. Para esto es importante una mejora objetiva de las condiciones laborales de los AF, que actualmente cuentan con un sueldo bajo, sin protecciones ni incentivos, y muchas veces abandonan el programa cuando encuentran mejores oportunidades laborales.
Por otra parte, es de primera importancia idear mecanismos para conseguir un mayor compromiso municipal con el programa. Las comunas que han experimentado la indiferencia de sus municipalidades son especialmente sensibles a este problema. La falta de apoyo municipal se traduce en graves problemas de infraestructura, mal funcionamiento de los AFs municipales, entre otros, pasando la UIF a depender básicamente de los recursos aportados por el FOSIS. Una posibilidad es establecer una regulación más estricta de las obligaciones a las cuales debe someterse cualquier municipio que decide tomar el Puente. Esto debiera expresarse básicamente en tres ámbitos: apoyo en infraestructura, recursos económicos y tiempo.
La profundización de la dimensión de apoyo psicosocial a las familias es otra recomendación para el programa. El mejoramiento de la calidad del apoyo psicosocial a las familias aparece como una demanda de parte de las familias y, también, de los propios AF. Esto pasa por una mayor dedicación de tiempo por familia, así como por la normalización de las visitas, evitando ausentismo o irregularidades. Es importante mejorar el entendimiento que las familias tienen respecto de las características del programa, y disminuir el alto número de casos de familias que no informan al momento de cambiarse de domicilio. Un trabajo más profundo en las familias es urgente para un logro más exitoso de los objetivos del programa.
Por último, respecto de los casos observados en este estudio, se requiere formalizar los protocolos de invitación e interrupción. Las UIF manejan normativas más o menos difusas respecto de cómo actuar frente a estos casos. Sería importante la elaboración y difusión de un protocolo oficial al respecto, en el cual se especifique cuáles deben ser las características de la invitación, cómo reaccionar frente a un rechazo, especificar con toda claridad cuál es el perfil de las familias que pueden ser invitadas al programa, qué procedimientos seguir al momento de una interrupción y bajo qué criterios. Sería importante incluir la obligación de notificar la interrupción a las familias, evitando los muchos casos de familias que no saben que ya no están en el programa. Así, se sugiere que en estos casos, se informe a la familia en detalle de esta situación, evidenciando los beneficios que terminan como resultado de la interrupción, así como de aquellos que pueden seguir siendo usados por ellas. Se trata de dejar en claro que sólo ha dejado de ser participante del programa, pero que ello no significa perder el derecho a ser escuchado y si corresponde, atendido, por las distintas instancias del Estado.
d) Programas alternativos para familias críticas
Uno de los desafíos y dilemas que surgen tras el estudio de las familias que no participan o se encuentran interrumpidas del Programa Puente, tiene que ver con las características de grupos específicos, para los cuales la intervención no parece la más pertinente. Hablamos de los adultos mayores, de personas drogodependientes, con consumo excesivo de alcohol, con algún tipo de discapacidad o bien en conflicto con la justicia. Estas personas, aun cuando el Programa determina quiénes sí y quiénes no cumplen el perfil adecuado para la intervención, requieren de todos modos de la acción estatal. Son precisamente ellos los que quedan en una importante medida excluidos de la política social, más allá de los subsidios y las pensiones.
Si bien el Puente no puede hacerse cargo, ya sea porque no son sujeto de intervención en algunos casos (p. ej. adultos mayores que viven solos) o porque constituyen una dinámica difícil de manejar para los apoyos familiares (discapacidad, alcoholismo), es fundamental que otro tipo de intervenciones los aborden. En algunos casos bastará con una eficaz conexión con la red social (el caso de los adultos mayores), sin embargo, en otros corresponderá un trabajo especializado de acuerdo al tipo de problemática. Al menos se pueden identificar los siguientes temas a ser trabajados por intervenciones especializadas:
Alcoholismo, Drogodependencia, Discapacidad (mental, auditiva, fisica), Violencia Intrafamiliar, Delincuencia).Ante cada una de estas situaciones es necesario intervenir mediante metodologías específicas, lo que también requiere un reforzamiento de las redes locales que pueden contribuir a abordar estos problemas. El Puente, a través de sus apoyos familiares, debe al menos lograr vincular a las familias con los programas e instituciones que abordan las problemáticas, de manera que cuenten con el soporte adecuado para mejorar su situación.
Estudio 04. Necesidades y Aspiraciones delas Flias. que han terminado fase apoyo psicosocial. Contenidos y Presentación. 1 ¿Que se hizo?
"Yo, bueno, yo nunca puse plata para postular para una casa, y cuando vino la niña me incentivó a poner la plata para la casa, así que empecé a juntar para mi casa, en eso me ha ayudado harto el Puente". (Grupo de discusión mujeres, Limache).
“Nosotros ahora lo único que queremos es terminar la casa, las piezas que estamos haciendo atrás, pero nos queda harto todavía. Eso es lo principal que nosotros queremos, terminar la casa, porque hemos luchado tanto y todavía no está lista. Eso es lo único que yo quiero para estar tranquila” (Familia egreso exitoso, mujer, Panquehue).
“Si pudiera pedir deseos sería que dios me diera vida y salud, seguir disfrutando con mi familia, podría decirle eso, y que mi familia esté bien, y el trabajo esté bien.” (Familia egreso exitoso, hombre, Linares).
Tabla de Contenidos
Presentación. 41. ¿Qué se Hizo? 92. ¿Con Qué Mirada Abordar el Estudio? 102.1 Necesidades 102.2 Aspiraciones 122.3 Autonomía Personal y Familiar en Situación de Pobreza Extrema. 13
3. ¿Cómo se Hizo? 214. ¿A Qué Resultados Llegamos? 304.1 Necesidades y Aspiraciones de las Familias 30a. Principales Necesidades al momento de ingreso al Sistema.. 30b. Cambio de Necesidades y Principales Necesidades en la Actualidad.. 33c. Principales Aspiraciones al momento de Ingreso al Sistema.. 33d. Principales Aspiraciones en la Actualidad.. 35e. Necesidades y Aspiraciones expresadas por las Familias en relación a las Condiciones Mínimas 37f. Necesidades y Aspiraciones no consideradas en el marco de la Intervención. 42g. Contribución del Sistema de Protección Social Chile Solidario a la Satisfacción de Necesidades y Aspiraciones 43h. Contribución a la Satisfacción Cotidiana de Necesidades. 44i. Contribución a la Satisfacción más Permanente de Necesidades. 44j. Realización de Aspiraciones. 484.2 Autonomía de las Familias que han egresado de la Etapa Psicosocial del Sistema de Protección Social Chile Solidario. 49a) Cambio de Aspiraciones. 49b) Obstáculos para la realización de Aspiraciones. 51c) Autonomía Personal, Familiar y en relación al Entorno.. 53d) Una distinción empírica entre diversos niveles de Autonomía.. 68e) Propuesta para la construcción de un Índice de Autonomía.. 71
5. ¿Qué Aprendimos? 755.1 Hallazgos relativos a las Necesidades, Aspiraciones y Nivel de Autonomía de las Familias 755.2 Hallazgos relativos a la relación de las Familias con el Sistema de Protección Chile Solidario 775.3 Contribución del Programa Puente a la mejoría de la situación general de las Familias 79
Presentación
La protección social: el icono de la política social de nueva generación
En la última década, Chile experimentó una mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la población, principalmente en términos de ingresos, educación, salud y vivienda, entre los principales. El avance logrado durante los noventa se explica tanto en el desempeño de la economía, que durante el período casi duplicó su tamaño, como en el decidido fortalecimiento de la acción pública social a partir de 1990 y en su reorientación hacia políticas de inversión social, tanto universales como focalizadas, por sobre políticas de corte asistencial.
Sin embargo, persisten importantes diferencias al interior de la sociedad, que llevaron a renovar las políticas sociales, especialmente hacia los sectores de la población que viven bajo una situación de extrema pobreza. Distintos análisis efectuados en el período, mostraron la importancia de implementar acciones de apoyo a la integración social de familias y personas afectadas por la pobreza, pero no sólo desde la lógica de la generación de suplementos de ingreso como se ha venido haciendo desde la política social no contributiva. Era necesario, asegurar que las transferencias monetarias llegaran, en primer lugar, a los sectores más pobres. Y, además, generar dispositivos que intermediaran en la nueva relación de estos usuarios con las políticas sociales tradicionales. Pero también, desarrollar acciones afirmativas que permitieran fortalecer las capacidades de las propias personas para desenvolverse con eficacia en las redes institucionales de servicios y obtener los satisfactores que pueden aportar al mejoramiento de su bienestar.
Es entonces cuando se impone la lógica de la protección social como la nueva tendencia que ha puesto renovados énfasis a la gestión de las instituciones del Estado en la forma de diseñar, articular y proveer sus servicios a la ciudadanía. Esto, porque la experiencia ha demostrado que en la medida que las instituciones organizan su quehacer de manera sincrónica y coordinada, es posible entregar servicios pertinentes a los usuarios y, de igual forma, generar impactos significativos sobre sus condiciones de vida, al acercar las oportunidades que estas poblaciones requieren para revertir los factores que explican la persistencia de las vulnerabilidades a las que están expuestos. En este marco, donde los esfuerzos políticos y técnicos se han puesto en la modernización de las políticas sociales para poner en operación la protección social, Chile Solidario aparece como un hito fundacional: se trata del primer y gran esfuerzo de rearticulación de la inversión pública, dirigido en este caso a generar la disposición y asegurar el acceso de las familias y personas en situación de pobreza, a los recursos que los servicios sociales entregan.
La experiencia recorrida permitió levantar el Sistema de Protección Social Chile Solidario, que a través de un enfoque de derechos promueve la inclusión social efectiva de los más pobres. Por tal razón, Chile Solidario representa una nueva fase en el desarrollo de políticas sociales dentro del país. Se trata de un modelo de gestión basado en la operación institucional en red, para apoyar integralmente a familias y personas vulnerables. Este esfuerzo no ha estado exento de tensiones, por cuanto implica pasar de un enfoque sectorializado a una acción intersectorial. De igual forma, prioriza la cobertura universal de familias extremadamente pobres, por sobre la acción segmentada sobre grupos objetivos. El desafío ha sido pasar de una lógica de intervención coyuntural al acompañamiento de las personas en un proceso de integración social basado en favorecer el acceso a las redes de beneficios y oportunidades, tanto públicas como privadas, sobre cuyo uso y participación tienen derechos las y los chilenos.
Justamente porque la extrema pobreza es un problema multidimensional, es que la respuesta que entrega el Sistema de Protección debe ser integral. Por lo mismo, los beneficios y las acciones que articula, se relacionan al menos con los ingresos monetarios de las familias, el desarrollo de su capital humano y social, las capacidades de las familias para enfrentar riesgos y vulnerabilidades a los que están expuestos y, su acceso a prestaciones, bienes y servicios que mejoran la calidad de vida.
Por todo esto, Chile Solidario es un sistema de protección social, con una perspectiva integradora, que combina la asistencia y promoción, para abordar la extrema pobreza en que viven hoy alrededor de 225.000 familias en el país. Está inspirado en el principio de solidaridad e integralidad del esfuerzo de todos los niveles del Estado y la Sociedad Civil. Su Misión es incorporar a las familias en extrema pobreza a la Red de Protección Social del Estado, de modo que éstas puedan acceder a mejores condiciones de vida.
Para avanzar en el cumplimiento de dicho objetivo, se estructura en tres componentes que se desarrollan y operan para los usuarios en un horizonte de tiempo de de 5 años: i) Apoyo psicosocial personalizado y Bono de Protección, ii) Subsidios monetarios garantizados y iii) Acceso preferente a programas de promoción social.
Los ejes bajo los cuales se estructura el Sistema son los siguientes:
¤ Establece un régimen de garantías, claras, explícitas, y de estatus legal que las hacen exigibles, a fin de asegurar su provisión efectiva y oportuna.
¤ Realiza acciones destinadas a atender a las familias y sus integrantes, a través de una metodología de intervención personalizada, que es la que permite proveerles apoyo psicosocial;
¤ Busca reforzar las capacidades funcionales de la familia y las sus miembros, para que puedan desarrollar las tareas propias de su etapa de desarrollo. Para ello, sus acciones abordan de manera particular las necesidades de los miembros más vulnerables de la familia y/o que tienen necesidades especiales de asistencia.
¤ Promueve y acompaña procesos que dan cumplimiento a objetivos de promoción y desarrollo para superar la extrema pobreza, buscando que las familias logren un desenvolvimiento autónomo en las redes institucionales;
¤ Se sostiene bajo un trabajo articulado a través de la lógica de operación en red, a fin de aprovechar los efectos sinérgicos de una intervención integral;
¤ Se basa en la entrega de prestaciones sociales por oferta, pertinentes y focalizadas en las familias más pobres.
Por otra parte, no es menor el señalar que la cualidad básica de Chile Solidario es que constituye un modelo de gestión. Esto, porque se basa en la articulación y organización de los múltiples oferentes que forman parte de la red de protección social. Y, porque las innovaciones que ha debido implementar tienen tanto que ver con adecuaciones de los diseños institucionales y ofertas programáticas ya existentes, como con la generación de nuevas líneas de acción. En esa lógica, sus principios de operación son:
¤ Centrar su organización en la familia y en las personas.
¤ Reconocer el ámbito local como el espacio privilegiado de la implementación del Sistema, en tanto es el más cercano a los destinatarios.
¤ Establecer una gestión sistémica, cuyo objetivo es lograr una intervención sinérgica, complementaria y pertinente.
¤ Tender continuamente a la descentralización de la administración y operación del Sistema, proveyendo recursos, instrumentos y asistencia técnica para ello.
¤ Desarrollar procesos de fortalecimiento institucional, a fin de asegurar que los operadores de la protección social, cuenten con las competencias, conocimientos y tecnologías suficientes como para cumplir con las funciones que hacen posible concretar el propósito de la protección.
La gestión del conocimiento: un eje estratégico de la protección social
Si se asumen activamente los principios de operación recién expuestos, es lógico concluir que la implementación regional, provincial y comunal de este sistema y de cada uno de sus componentes, es materia de construcción continua y, por lo mismo, está sujeta a arreglos institucionales y ajustes operativos recurrentes. De allí que resulta fundamental recoger insumos de información y conocimiento que permitan dimensionar y evaluar el desarrollo de las iniciativas, para mejorar la calidad, pertinencia y oportunidad de los procesos en curso.
Por otra parte, la implementación del Sistema ha dejado en evidencia una serie de temas y problemáticas que es preciso abordar, de forma adecuada y coherente, por lo que urge contar con información rigurosa que permita pensar posibles cursos de acción. En este sentido, un objetivo no menor del proceso, es aprender de la práctica, generando dispositivos de observación y registros e intencionando prácticas dialogantes, analíticas y comprensivas que permitan contar con suficientes elementos de juicio sobre las decisiones y procesos en curso. Así, la sistematización de aprendizajes, modelos de acción y de estrategias de intervención, aparecen como posibilidades concretas de enriquecer el mapa de oportunidades y buenas prácticas de las que se alimenta el sistema, con el fin de replicar, proyectar, o sostener aquellas acciones que permiten cumplir con el propósito institucional y lograr los resultados esperados.
La experiencia ha demostrado, y con amplia evidencia, que el buen funcionamiento de un sistema integrado de protección social, depende en buena medida del fortalecimiento de capacidades y del desarrollo de competencias en todos los actores que intervienen en la implementación del Sistema. Estas competencias pueden ser de diverso carácter (cognitivas, procedimentales – operativas, etc), no obstante su factor constitutivo común es que deben permitir actuar con pertinencia, con sentido y con oportunidad. Por ello, es esencial que los actores manejen conocimiento efectivo de los territorios, sobre todas aquellas materias involucradas en el diseño, ejecución y consolidación de estructuras, modelos y procesos.
Finalmente, recoger la valoración de los usuarios, los sentidos, opiniones, descripción de su situación, críticas y propuestas, es central para un Sistema que se orienta a resultados pertinentes, que apunten a satisfacer las necesidades de las personas. Todos estos requerimientos hacen que la gestión de conocimiento en Chile Solidario sea un pilar fundamental que retroalimenta el sistema y a sus actores.
De qué se trata esta Serie
Por las razones ya expuestas, se ha desarrollado esta Serie de Estudios del Sistema de Protección Social Chile Solidario que se propone difundir las exploraciones y aprendizajes realizados por el Sistema, para su uso por parte de todos los actores que intervienen en el Sistema.
Para facilitar su manejo, se han estructurado en 4 secciones que facilitan al lector la comprensión del mismo. Estas son:
ü ¿Qué se hizo?, que busca describir brevemente el sentido del estudio y su justificación.
ü ¿Cómo se hizo?, que describe muy sucintamente la base metodológica y técnica bajo la cual se desarrollo el estudio y aporta al lector, elementos para considerar la validez de los resultados.
ü ¿Desde donde miramos o Qué miramos?, en algunos casos, cuándo se trato de evaluar o sistematizar la intervención, esta sección aborda descriptivamente dicha intervención (es el caso por ejemplo de Proyecta Joven). En otros, se trata de incluir de forma sintética, los fundamentos teóricos y conceptuales bajo el cuál los investigadores se aproximaron al sujeto de estudio. Constituye un aporte a la conceptualización del Programa Puente y es materia de conversación en la Asistencia Técnica que éste genera con sus aliados, principalmente las Unidades de Intervención Familiar.
ü ¿A qué resultados llegamos?, sección que expresa los resultados de cada estudio. Ofrece el análisis de los datos, categorías de análisis y resultados, todos insumos que amplían la mirada respecto la implementación programática.
ü ¿Qué aprendimos?, finalmente esta sección busca resumir las lecciones, aprendizajes y recomendaciones que realizan los investigadores al Programa. Intenta ser una orientación para la acción, ya sea porque entrega sentidos, refuerza ciertas líneas y ámbitos de intervención, o porque entrega un abanico de alternativas a seguir.
A la fecha, la serie se compone de los siguientes seis estudios:
1. Efectos de la intervención psicosocial en mujeres que participan directamente en el Sistema Chile Solidario
2. Evaluación de cinco programas de la oferta pública social, participantes en el Sistema Chile Solidario
3. Sistematización de Experiencias de Participación Ciudadana en el Sistema de Protección Social Chile Solidario
4. Necesidades y aspiraciones de las familias que han finalizado la etapa de apoyo psicosocial del SCHS
5. Familias de extrema pobreza que no han aceptado integrarse o han interrumpido su participación en el Programa
6. Pertinencia de los programas de asistencia y promoción para personas con discapacidad que participan en el SPSCHS
El camino del conocimiento y el aprendizaje es un desafío que convoca las capacidades e intereses de todos los involucrados. Apropiarse de los saberes generados por investigaciones, estudios y evaluaciones es una manifestación del compromiso asumido por la Secretaría Ejecutiva de Chile Solidario, en torno al mejoramiento continuo de los procesos y acciones que impulsa y sostiene. La invitación es a recorrer estos insumos, para generar una conversación amplia y permanente que nos ayude a cumplir mejor los propósitos éticos, políticos y técnicos que convocan los esfuerzos actualmente en desarrollo.
1. ¿Qué se Hizo?
El estudio sobre “Necesidades y aspiraciones prioritarias de las familias que han finalizado la etapa de Apoyo Psicosocial del Sistema de Protección Social Chile Solidario” apunta a explorar en las necesidades y aspiraciones de las familias, el grado en que estas se modifican tras el paso de las familias por la etapa de Apoyo Psicosocial del Sistema y la contribución de esta etapa al incremento de la autonomía de las familias beneficiarias.
Para indagar sobre estos temas la investigación intentó adentrarse en la subjetividad de las propias familias involucradas, explorando en las percepciones y vivencias de los sujetos. Para ello se realizaron entrevistas en profundidad y grupos de discusión a una muestra de familias que finalizaron la etapa de Apoyo Psicosocial en 15 comunas seleccionadas en 5 regiones del país.
Cabe señalar que los análisis y resultados que aquí se entregan han sido construidos desde las percepciones, opiniones y valores que las familias entrevistadas hacen de su propia situación y de la forma como ellas consideran que su incorporación al Sistema de Protección Social Chile Solidario ha contribuido a resolver sus necesidades más urgentes y mejorar su calidad de vida. En consecuencia, si bien se hace constante referencia al Chile Solidario, y en particular al Programa Puente, no se trata de una evaluación de los resultados del Sistema ni de los obstáculos o facilitadores para el logro de los mismos.
Esta es una precisión importante en un contexto en que parte importante de las dificultades que enfrentan las familias para resolver sus necesidades tienen que ver con condiciones estructurales que escapan del margen de intervención directa del Sistema de Protección. Se trata de familias que enfrentan un alto nivel de privación y que viven en una situación de constante precariedad, a las cuales Chile Solidario se propone ofrecerles un piso mínimo de protección ante la vulnerabilidad, pero no sacarlos de la situación de extrema pobreza en que se encuentran insertos. Este es el contexto en que deben entenderse los juicios y valoraciones que se realizan en este estudio sobre la contribución del Sistema a la satisfacción de necesidades, realización de aspiraciones y ampliación del ámbito de autonomía de las familias.
La etapa de Apoyo Psicosocial del Sistema genera movimiento en la dinámica vital de los beneficiarios y activa procesos de transformación que no estaban ocurriendo, lo que unido a los beneficios a que acceden las familias a través de los otros componentes del Sistema (sobre todo a través del bono de protección) contribuye a resolver las necesidades más apremiantes e iniciar procesos incipientes de construcción de aspiraciones y autonomización de las familias.
E04) 2.¿Con que mirada abordar el estudio?
2. ¿Con Qué Mirada Abordar el Estudio?
Para la aproximación al objeto de estudio se consideraron dos conjuntos de elementos conceptuales:
i) Necesidades y aspiraciones. Las necesidades corresponden a carencias percibidas, independiente de quién y cómo puedan ser satisfechas, mientras que las aspiraciones requieren de la voluntad de la persona por lograr aquello a lo que se aspira.
ii) Autonomía, entendida en el contexto de los mínimos sociales y la superación de la pobreza.
2.1 Necesidades
Las necesidades son conceptualizadas en este estudio como “todo aquello de lo que se carece y que es percibido como carencia por las personas”. Dos son los aspectos claves de esta definición:
i) En primer lugar, se refiere a una construcción social de las necesidades, que no se definen en función de un criterio objetivo y absoluto, sino que a partir de los objetos materiales y simbólicos que los propios sujetos consideran relevantes para su desarrollo personal;
ii) La definición supone, además, una escala de necesidades, cuyo primer peldaño corresponde a los elementos necesarias para la conservación de la vida que una vez satisfechas dan origen al surgimiento de nuevas necesidades más complejas.
En general, el ciclo de las necesidades humanas se puede simplificar desde un punto de vista conductual de la siguiente manera:
Necesidades
Impulso
Satisfacción
Acción
Es la Teoría de Jerarquía de las Necesidades de Maslow (1954) la que tradicionalmente ha guiado la interpretación de las motivaciones a la acción de las personas, estableciendo la jerarquía de necesidades antes mencionada. Las necesidades que Maslow plantea son:
- Necesidades fisiológicas (aire, agua, alimentos, reposo, abrigos etc.)
- Necesidades de seguridad (protección contra el peligro o las privaciones)
- Necesidades sociales (amistad, pertenencia a grupos, etc.)
- Necesidades de estima (reputación, reconocimiento, auto respeto, amor, etc.)
- Necesidades de autorrealización (realización potencial, utilización plena de los talentos individuales, etc.)
Esta teoría sostiene que una necesidad satisfecha no origina ningún comportamiento; solo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento y lo encaminan hacia el logro de objetivos individuales. El individuo nace con un conjunto de necesidades fisiológicas que son innatas o hereditarias. Al principio, su comportamiento gira en torno de la satisfacción cíclica de ellas (hambre, sed, ciclo sueño - actividad, sexo, etc.).
A partir de cierta edad, el individuo comienza un largo aprendizaje de nuevos patrones de necesidades. Surge la necesidad de seguridad, enfocada hacia la protección contra el peligro, contra las amenazas y contra las privaciones. Las necesidades fisiológicas y las de seguridad constituyen las necesidades primarias y tienen que ver con su conservación personal. En la medida en que el individuo logra controlar sus necesidades fisiológicas y de seguridad, aparecen lenta y gradualmente necesidades más elevadas: sociales, de estima y de autorrealización.
Cuando el individuo logra satisfacer sus necesidades sociales, surgen las necesidades de autorrealización; esto significa que las necesidades de estima son complementarias a las necesidades sociales, en tanto que las de autorrealización lo son de las de estima. Los niveles más elevados de necesidades solo surgen cuando los niveles más bajos han sido alcanzados por el individuo. No todos los individuos sienten las necesidades de autorrealización, ni siquiera el nivel de las necesidades de estima, ello es una conquista individual.
Las necesidades más elevadas no surgen a medida que las más bajas van siendo satisfechas; estas predominan, de acuerdo con la jerarquía de necesidades. Diversas necesidades concomitantes influyen en el individuo de manera simultánea, sin embargo, las más elevadas predominan frente a las más bajas. Si alguna de las necesidades más bajas deja de ser satisfecha durante un largo período, se hace imperativa y neutraliza el efecto de la más elevada. Las energías de un individuo se desvían hacia la lucha por satisfacer una necesidad cuando esta existe.
Al conectar estas definiciones con las siete dimensiones en las que el Sistema de Protección Social Chile Solidario interviene es posible distinguir al menos 3 niveles de necesidades en torno a los que organizar el análisis:
- En el primer nivel se encuentran las necesidades que las personas estiman imprescindibles para la supervivencia.
- En el segundo nivel se encontrarían las necesidades que el Sistema Chile Solidario propone como 53 condiciones mínimas de calidad de vida.
- En el tercer nivel se encuentran las necesidades “de segundo orden”, que corresponden a las carencias percibidas una vez que se satisface un cierto nivel mínimo.
Este estudio indaga en si las necesidades de las familias que han egresado del Programa Puente cambian una vez que se van satisfaciendo ciertas carencias básicas y como resultado del intercambio que establecen con el Apoyo Familiar.
2.2 Aspiraciones
El PNUD (2000) plantea que las aspiraciones son las representaciones que se hacen los individuos y los grupos acerca del estado de cosas, personales y sociales, que desean para el futuro y que caracterizan como “lo mejor”. Ese estado de cosas se cree posible porque se confía en las capacidades personales o sociales para llevarlo a cabo. Las aspiraciones se distinguen de la fantasía, pues ésta no supone que lo deseable sea también alcanzable. También se distinguen de las expectativas, pues éstas se refieren a lo que se cree que ocurrirá en el futuro dadas las tendencias actuales, no lo que se desea que ocurra ni lo que se está dispuesto a hacer para ello.
La construcción y expresión de las aspiraciones, siendo un proceso profundamente personal es, al mismo tiempo, posibilitado por condiciones sociales. Las personas necesitan recursos sociales, materiales y simbólicos para construir vidas con sentido y la sociedad precisa el despliegue subjetivo para ofrecer a esos sentidos posibilidades de realización.
Las aspiraciones son históricas, dependen de las particulares experiencias de los sujetos que las portan, así como de las peculiaridades de las condiciones sociales que las hacen posibles. En una era donde el futuro aparece como abierto y son los sujetos autónomos los que lo construyen, se hace indispensable el procesamiento de la memoria y las aspiraciones, así como la autonomía del sujeto, para configurar dichas aspiraciones.
En el caso de las personas que viven en situación de extrema pobreza, se puede inferir que sus historias de vida particulares y las condiciones sociales en las que viven inciden en la configuración de aspiraciones desde la negatividad, es decir, en la no-configuración de aspiraciones o en su elaboración a un nivel muy básico, dado el sentimiento de desesperanza aprendida o frustración, o bien la estrechez del horizonte de expectativas. Entendiendo que la construcción de aspiraciones supone la existencia de confianza en la capacidad de acción, propia o ajena para realizarlas, destaca la necesidad de un estándar mínimo de vida o piso desde el cual las personas puedan elaborar dichas aspiraciones, sentir que se es capaz de lograrlas, por sí mismo o con la ayuda de otros. En este punto, es donde el Programa Puente aporta a generar un piso, a partir del cumplimiento de las 53 condiciones mínimas y la interacción con el Apoyo Familiar.
El estudio pretende indagar en la construcción de las aspiraciones de las familias, cómo éstas se elaboran y en base a qué herramientas o recursos personales o externos. Uno de los ejes está puesto en cómo los adultos de los grupos familiares construyen sus aspiraciones, es decir, en base a qué características personales y del entorno y respecto de las oportunidades que avizoran. Otro eje tiene que ver con la descripción de las aspiraciones construidas, es decir, a qué ámbitos remiten y que prioridades reflejan. Un tercer eje dice relación con el tipo de aspiraciones construidas espontáneamente, esto es, si son sólo de tipo familiar o también involucran una dimensión más colectiva, que puede referir a la villa o población, a la comuna, al país o a otro marco colectivo.
2.3 Autonomía Personal y Familiar en Situación de Pobreza Extrema
Para analizar el grado de autonomía obtenido por las familias que han finalizado la etapa de Apoyo Psicosocial del Chile Solidario este estudio propone el concepto de autonomía como la capacidad de las personas para plantearse un proyecto de vida (aspiraciones) y desempeñarse adecuadamente en el logro de dicho proyecto. Esta definición involucra dos tipos de recursos que, de estar en posesión de las personas, contribuirán a la autonomía.
- Recursos psicológicos tales como autoestima, identidad positiva, confianza en las propias capacidades para surgir, etc.;
- Recursos socio-culturales asociados a la capacidad de establecer relaciones interpersonales y redes de apoyo con personas e instituciones que permitan a los sujetos aprovechar adecuadamente las oportunidades disponibles en el entorno.
Esta definición requiere de la distinción de ciertos aspectos. Primero que hay que tener en cuenta la diferencia entre la autonomía de las personas y la autonomía de las familias. Si bien la unidad de intervención del Sistema Chile Solidario es la familia, el análisis de la autonomía requiere necesariamente, tener en cuenta a los sujetos en forma independiente, toda vez que los procesos de autonomización son procesos de carácter individual que, aunque pueden influir positivamente en la autonomía del sistema familiar en su conjunto, se dan en cada uno de los miembros del hogar.
Un segundo elemento relevante refiere a la distinción entre contar con recursos y manejarlos adecuadamente. Sólo en la medida en que los sujetos cuentan con recursos (psicosociales) estarán en condiciones de movilizarse y hacer un uso más o menos adecuado de los mismos.
Hechas estas distinciones, es preciso introducir al análisis de la autonomía el plano individual. Es ahí donde se construye la autoestima, la identidad y el reconocimiento de uno mismo como alguien valioso y distinto de los demás, bajo el entendido que esta construcción se desarrolla en la interacción permanente con el entorno y en base a las distintas identificaciones que desarrollan los sujetos en su relación con otros como seres sociales. Llamaremos a este ámbito “autonomía personal” y lo entenderemos como aquellos procesos de carácter psicosocial que contribuyen a la conformación de la identidad, su validación en la interacción con otros, la construcción de un proyecto de vida y, en suma, la generación de un conjunto de recursos necesarios para un desempeño autónomo.
Ello implica introducir a los dos niveles definidos para el logro de la autonomía (del sistema familiar y respecto del entorno) un tercero, pero que en realidad es previo, de tipo personal. Entendiendo que los límites entre estos niveles no son rígidos, sino dinámicos, es posible realizar algunas distinciones operativas, que son las que se presentan en la Figura 1. En ella se refleja la centralidad de la dimensión personal en la construcción de la autonomía de los sujetos. Entenderemos que el momento clave en este proceso de construcción es el que tiene lugar a nivel personal, en tanto los sujetos se definen y reafirman a sí mismos en un contexto de relaciones sociales. Según las dinámicas familiares prevalecientes o el tipo de procesos personales y relacionales que vivan los restantes miembros del hogar es posible que un miembro de la familia que cuente con recursos para desempeñarse en forma autónoma contribuya en mayor o menor medida a lograr la autonomía del sistema familiar en su conjunto y que, de esta manera, la familia se encuentre en condiciones de manejar satisfactoriamente sus recursos para desempeñarse en forma autónoma respecto de su entorno. Pero puede que esto no ocurra y que un individuo autónomo cuente con recursos y los utilice adecuadamente en el entorno aún cuando su unidad familiar no sea autónoma.
Figura 1. Niveles para el análisis de la autonomía.
Autonomía respecto del entorno
Autonomía
del sistema familiar
Autonomía Personal
A continuación se presentan algunos elementos teórico-conceptuales para contextualizar mejor las tres miradas relevantes para el análisis de la autonomía.
a) Autonomía personal
El concepto de autonomía es propio de la psicología cognitivo evolutiva y apunta al logro de una identidad personal a través de un proceso a lo largo del cual “la persona organiza sus experiencias de acción y de interacción en el mundo” (Sepúlveda, 2003)[1]. Si bien se trata de un proceso individual a través del cual las personas construyen su identidad, su autoestima y el respeto hacia sí mismos, tiene también un importante componente social, en la medida en que a través de la interacción social los individuos se diferencian respecto de otros individuos y construyen lo que Piaget llama un “programa de vida”.
“Las capacidades para la autonomía están implícitas en las relaciones sociales y comunicativas, están latentes en las estructuras generales de la interacción. El sí mismo se desarrolla por tanto de las relaciones de reconocimiento recíproco, a través de las cuales los individuos definen sus identidades” (Sepúlveda, 2003; p. 32).
Desde esta perspectiva es posible distinguir tres procesos complementarios en la conformación de la autonomía de las personas. El primero corresponde a la construcción de la propia identidad que implica conocerse, valorarse y definirse a uno mismo como sujeto. El segundo consiste en el reconocimiento de uno mismo como distinto de los demás, es decir, en la reafirmación de la identidad que se produce en la interacción con otros. En un tercer nivel encontramos la construcción de un proyecto vital, de lo que se sueña para la vida y de un conjunto de certezas respecto de las propias capacidades para llevar a cabo ese proyecto.
Se puede plantear entonces, que un sujeto autónomo es aquel que cuenta con recursos psicosociales para definir un proyecto de vida propio.
Sin embargo el interés de este estudio radica en la comprensión de la autonomía de personas en situación de extrema pobreza, para lo cual es útil recurrir a perspectivas antropológico-culturales y sociológicas que contribuyen a complementar la definición precedente y adecuarla al objeto de estudio.
Desde la antropología cultural Márquez (2005)[2] utiliza el concepto de “control cultural” para dar cuenta de un recurso esencial en las posibilidades de movilidad social de los pobladores pobres, consistente en “la defensa y capacidad de decidir sobre la cultura propia y la ajena”. Más que por adscripción a los códigos culturales dominantes, el control cultural contribuye a la movilidad social en la medida en que permite a sus poseedores controlar un stock variado y diverso de capital cultural, que resulta fundamental para acceder a nuevas oportunidades y contactos sociales, negociar o disputar los propios intereses frente al Estado, el mercado y la sociedad y, en definitiva, obtener mejorías en la calidad de vida.
Desde esta perspectiva la autonomía estaría dada por la capacidad de los sujetos de manejar adecuadamente los recursos (culturales) disponibles en el entorno. El énfasis está puesto en la gama de recursos que manejan las personas y no en la constitución psicológica de las personas, que contribuye o dificulta la posibilidad de control cultural.
Amartya Sen (1999)[3] desarrolla la idea de “capacidad de agencia” de los sujetos para referirse al mismo tema. El autor define el desarrollo como un proceso de expansión de las libertades sustantivas (o capacidades) de los individuos. La expansión de capacidades pone el acento en las habilidades personales para promover los fines que cada quien valora como adecuados para su vida y no en los medios ni en los bienes primarios necesarios para alcanzarlos. Dos son los conceptos claves: i) funcionamientos –functionings- o cosas que las personas valoran tener o hacer, desde cuestiones tales como poseer una nutrición adecuada o evitar enfermedades, hasta participar en la vida de la comunidad; ii) capacidades, que corresponden a las combinaciones alternativas de funcionamientos factibles de alcanzar, es decir, a la libertad para elegir el estilo de vida que se desea.
Con el foco puesto en la agencia individual y no en los resultados económicos, la pobreza se define por la privación de las capacidades básicas para elegir y realizar el estilo de vida que los sujetos desean y no por la carencia de los ingresos necesarios para llevarlo a cabo. Dicho en otras palabras, aquello que atenta contra la capacidad de agencia de las personas pobres es la falta de oportunidades. Se definen cinco tipos de oportunidades, a las que llama libertades instrumentales o medios para el desarrollo: libertades políticas, facilidades económicas, oportunidades sociales (salud y educación), garantías de transparencias y seguridad protectora.
Diremos, en consecuencia, que las oportunidades disponibles en el entorno son medios y no fines para el desarrollo de las personas. Un ámbito de oportunidades especialmente sensible a las posibilidades de superación de la pobreza corresponde a lo que tradicionalmente entendemos como capital humano, es decir, el nivel de salud y educación de las personas[4]. Una vez más, como ocurría con el concepto de control cultural, también la capacidad de agencia de los sujetos está dada por su capacidad de manejar adecuadamente los recursos disponibles, donde el mayor o menor nivel de capital humano constituye un medio para la capacidad de agencia (autonomía), pero no el fin, que consiste más bien en la posibilidad de definir un proyecto de vida y realizarlo adecuadamente.
Por consiguiente un sujeto autónomo es aquel que cuenta con recursos psicosociales para definir un proyecto de vida, que sabe manejar los recursos de que dispone para el logro de dicho proyecto, aprovechando para ello los recursos (oportunidades) disponible en el entorno.
Los dos niveles en el proceso de autonomización antes expuesto pueden graficarse así:
Visualización de alternativas de acción y puesta en acción de recursos personales
Dimensión Social de la Autonomía
Dimensión Psicológicade la Autonomía
b) Autonomía a Nivel de los Integrantes del Sistema: La Teoría Familiar Sistémica
El interés de este estudio no sólo radica en indagar en el proceso de autonomía personal, sino también en el grado de autonomía que obtienen unidades familiares completas, es decir, analizar si es que las familias disponen de capacidades resolutivas eficaces en los distintos entornos, que les permitan avanzar en el mejoramiento de su calidad de vida aún en el contexto adverso de la pobreza. Desde el punto de vista de la Teoría Familiar Sistémica[5], es posible establecer un vínculo entre procesos personales y familiares. La familia es una unidad social primaria que se caracteriza por sus vínculos y por las relaciones afectivas que en su interior se dan, constituyendo un subsistema de la organización social. Los miembros del grupo familiar cumplen roles y funciones al interior de esta, los que le permiten relacionarse con otros sistemas externos, tales como el barrio, el trabajo, la escuela, etc. La familia es asimismo un sistema abierto, que reacciona continuamente a su entorno y a los cambios de su medio interno.
En tanto unidad y sistema, la familia tendería a preservar su estabilidad y su equilibrio interno mediante mecanismos de retroalimentación que responden al comportamiento de sus miembros y a la información que proviene del entorno. En la medida que no puede mantener indefinidamente el mismo equilibrio, atravesaría periódicamente por crisis que la llevarían a modificar su equilibrio adaptándose a las nuevas necesidades de sus miembros o a las exigencias de su entorno. La capacidad de adaptación de las familias como sistema a los cambios provenientes de sus dinámicas internas y del entorno, dependería de su grado de flexibilidad y apertura.
Desde esta perspectiva la familia debe considerarse como un sistema con una finalidad, en el que un evento histórico o situacional afectará a los miembros del sistema familiar en diferente grado. Toda familia se relaciona asimismo con otros sistemas con los que debe interactuar, que afectan su dinámica en forma negativa o positiva.
La estructura familiar debe ser relativamente fija y estable para poder sustentar a la familia en sus tareas y funciones, protegiéndola de las fuerzas externas y dando un sentido de pertenencia a sus miembros; pero al mismo tiempo debe aceptar un grado de flexibilidad para poder acomodarse a los diversos requerimientos de las situaciones de vida y de las distintas etapas del desarrollo por las que evoluciona la familia, con lo que facilita el desarrollo familiar y los procesos de individuación.
Los procesos de autonomía e individuación de los integrantes del sistema dependen de sus características. Las familias en situación de extrema pobreza estarían, en una situación inicial hipotetica, inmovilizadas y serían dependientes de la acción subsidiaria de agentes externos. Las familias son subsistemas que a lo largo del proceso de Apoyo Psicosocial establecen interacciones con su entorno y van experimentando transformaciones tendientes a su autonomía, entendida ésta como la capacidad de satisfacer las necesidades del sistema en forma autosustentable o sin la intervención directa del Apoyo Familiar. La autonomía a la que aspiraría el sistema entonces se refiere a la capacidad de seguir estableciendo relaciones beneficiosas con su entorno y generar condiciones para el desarrollo de todos sus miembros a través del tiempo.
Para lograr dicha autonomía las familias deberían construir ciertas capacidades tales como: capacidad de identificar las necesidades de sus miembros, de reaccionar favorablemente a estas necesidades e identificar las fuentes posibles de satisfacción de dichas necesidades, contar con cierta proactividad o disposición a la acción y con habilidades sociales que le permitan interactuar favorablemente con los agentes del entorno. Asimismo, las familias deberían tener cierta capacidad de tolerar la frustración frente a ciertas respuestas desfavorables del contexto, y constituir un sistema flexible que permita el re-acomodamiento a nuevas situaciones, roles y funciones en su interior. Todos estos aspectos dicen relación con el tipo de dinámica familiar predominante, que será clave para potenciar o bloquear el desarrollo de la autonomía de las familias.
c) Autonomía de las Personas y Familias respecto de su Entorno
Uno de los principales desafíos del Sistema de Protección Social Chile Solidario es activar a las familias como sujetos promotores de su propio desarrollo, entregando herramientas que les permitan potenciar sus capacidades y al mismo tiempo vinculándolos a una red de servicios públicos. Ello implica que la evaluación del grado de autonomía de personas y familias debe hacerse desde la observación de las capacidades adquiridas para establecer relaciones sociales e institucionales tendientes al mejoramiento de la calidad de vida de los sujetos.
Desde un punto de vista teórico, los activos de que disponen los sujetos para el establecimiento de este tipo de relaciones son denominadas en la literatura como capital social, concepto que se asocia a las normas y redes sociales que facilitan la acción colectiva entre las personas.
El capital social es el conjunto de activos que obtienen las personas por participar en forma espontánea y colaborativa en organizaciones o colectivos en los que comparten propósitos comunes y que se encuentran regulados por normas implícitas o explícitas de cooperación. El capital social se genera en relaciones de proximidad y horizontalidad. Los activos que constituyen capital social emanan de relaciones sociales basadas en la confianza, cooperación y reciprocidad (Serrano, 2002)[6].
Se atribuyen al capital social resultados beneficiosos en la medida en que permite mejorar el posicionamiento y el campo de posibilidades y acceso a recursos de diferente tipo para cada uno de los individuos que participan de las relaciones sociales. Este estudio propone que el capital social contribuye a la autonomía de las familias en dos ámbitos: el institucional (formal) y el socio-comunitario (informal).
En el ámbito institucional la posesión de capital social se traduce en el establecimiento de redes de relaciones con actores institucionales y permite a las personas aprovechar las oportunidades (sociales, educativas, laborales, etc.) presentes en el entorno. En un contexto en que históricamente las políticas sociales hacia los sectores en extrema pobreza han estado basadas en la asistencia y la caridad, instalándose una cultura clientelista, para lograr su autonomía las familias deben “desaprender” un tipo de relación con el Estado y establecer un nuevo vínculo que reconozca y valide sus propias capacidades. En la construcción de esta nueva forma de relación cobra especial relevancia la conceptualización, de parte de las familias, de los servicios que ofrece el Estado como derechos y no como ayudas puntuales.
Por otra parte, el capital social comunitario dice relación con las redes de confianza, cooperación y reciprocidad que los sujetos establecen con otros miembros de la comunidad y que contribuyen a disminuir la vulnerabilidad e incrementar las oportunidades. Si bien el objetivo del Programa Puente pasa por lograr la autonomía de las familias en relación al vínculo que establecen con el Apoyo Familiar, parte de la autonomía que las familias eventualmente pueden lograr respecto del Estado se juega en su capacidad de actuar en reciprocidad con su entorno más próximo así como haciendo uso de las redes sociales informales.
d) Dimensiones claves para el análisis de la autonomía
A continuación se presentan las dimensiones claves para abordar el análisis de la autonomía de las familias en los tres niveles reseñados. Para cada nivel se distingue a su vez entre aquellas dimensiones asociadas a la adquisición de recursos o activos y aquellas que dicen relación con el manejo adecuado de los mismos.
[1] Sepúlveda Ramírez, María Gabriela (2003) “Autonomía moral: Una posibilidad para el desarrollo humano desde la ética de la responsabilidad solidaria”, Revista de Psicología de la Universidad de Chile, Vol. XII, Nº1: Pág. 27-35
[2] Márquez, Francisca (2005) Historias y Relatos de Pobladores: Pobreza, Identidad y Contrato Social en Chile, Tesis Doctoral, Universidad de Católica de Lovaina, Bélgica.
[3] Sen, Amartya (1999) Development as Freedom, Anchor Books, Random House, Inc., ew York
[4] Las políticas sociales y de superación de la pobreza atribuyen a la educación un rol central como palanca que permite acceder a mayores oportunidades. Sin embargo, no es la educación per se sino la relación entre capital humano y capital social y cultural lo que amplía las oportunidades, en la medida en que el entorno opera como un catalizador de los esfuerzos de las políticas públicas por hacer de la educación un factor del progreso de los más pobres (Bourdieu, 2001).
[5] Cuyas bases epistemológicas se encuentran en Teoría General de Sistemas (Von Bertalanffy, 1954), (b) Cibernética (Wiener, 1948) y (c) Teoría de la Comunicación (Watzlawick, Beavin, y Jackson, 1967). Además, los conceptos procedentes de enfoques evolutivos (p.e., Haley, 1981) y estructurales (p.e., Minuchin, 1974).
[6] Serrano, Claudia (2002) Pobreza, Capital Social y Ciudadanía. Asesorías para el Desarrollo. Red de Integración Social, Ciudadanía y Pobreza, Santiago.